Cuando empecé a dibujar comprendí que no es necesario saber dibujar muy bien, sino intentar adentrarnos lo más profundo posible en lo que estemos dibujando. Yo me posicione por dibujar una hoja, la cuál me pareció muy interesante y atractiva a la hora de darle vida en mi hoja de papel. Lo que realmente hice fue concentrarme y observarla detenidamente hasta que me llegó la inspiración y las fuerzas para dibujar lo que realmente estaba sintiendo próximo a mí, y de ahí salió esta hoja la cuál podéis ver. Realmente no creo que sea la mejor imitación posible, pero si puedo decir que entusiasmo y ganas si que empreñé en dibujarla.
Esta práctica es muy interesante para realizarla en el aula infantil, ya que podríamos conocer los sentimientos y experiencias de nuestros alumnos. También nos aportarían su grado de sensibilidad frente a la naturaleza y su decisión de elegir su propio dibujo, sintiéndose libres y autónomos.